Bienvenidos al Diario de Daniela

Daniela 26 de agosto de 2004

9 de octubre de 2008

El sueño de Daniela



Daniela despertó un día aturdida sin saber donde realmente estaba. Daniela no sabía si lo había soñado o realmente vivido. Por un instante un escalofrío recorrió su cuerpo, se hallaba sentada en la cama a oscuras y una tenue luz entraba por la persiana pero que apenas le dejaba ver lo que había a su alrededor.
Daniela sintió que se ahogaba, en su pecho notaba como si el peso de una losa la aprisionara, era como si le oprimiera y no le dejara respirar, ese dolor era intenso se hacía insoportable, por más que Daniela quisiera respirar era como si no hubiera oxígeno, no podía.
Miró hacia el lado de su lecho y descubrió un gran vacío, no había estado soñando lo estaba viviendo. Sin darse cuenta despertaba a cada instante, no lograba dormir y en esos intervalos de sueño revivía a cada instante lo vivido.
Cómo una sonámbula recorría la casa, centímetro a centímetro buscando el gran vacío que había encontrado en la cama, estaba sola no había nadie más sólo una gata negra de ojos amarillos que seguía los pasos de su ama como si le ayudara a buscar lo que Daniela no lograba encontrar.
Daniela notaba de nuevo ese dolor en el pecho, dolor que se prolongaba hasta su brazo izquierdo, otra vez no podía respirar , el dolor que sentía en su interior era por no poder encontrar a quien buscaba y le provocaba estos estados de ansiedad.
Finalmente se derrumbaba, caía en el suelo y medio tendida entraba de nuevo en una especie de sueño, ¿sueño o pesadilla?. La medicación la tenía aturdida y no lograba discernir si lo que estaba viviendo era realidad o simplemente su mente le estaba gastando una mala pasada.
En su sueño la vida de Daniela continuaba, seguía igual que siempre era como si el tiempo se hubiera detenido en los 14 años anteriormente vividos pero ese sueño siempre era interrumpido por una sensación algo que hacía que Daniela en sueños se inquietara de repente era algo que en su interior le decía - se ha ido ya no está a tu lado y en ese instante ella despertaba, sentada de nuevo en su cama, sintiendo la falta de oxígeno y tras mirar a su lado ver que efectivamente él ya no estaba.